El poder mágico de las palabras


Desconocemos el poder mágico de las palabras, y por ello, no las utilizamos con este propósito ni para este fin. A nuestro alrededor, las que escuchamos habitualmente son aquellas que hieren, descalifican, humillan e infringen algún tipo de dolor, no solo a quienes van dirigidas, si no, también a aquel que las ha pronunciado, sin el ser consciente de ello. Se convirtieron en tan cotidianas que son las que más suenan en nuestros oídos. Reivindiquemos las hermosas, las verdaderas, las que salen directamente del corazón, estas son las realmente mágicas, las que como un bálsamo emocional pueden hacer que quien las escuche, se sienta por un instante algo mejor.

















martes, 23 de febrero de 2010

ಜುನ್ತೋ ಅಲ ಈಓ ಸೇರೆನೋ

Te esperaré sentado y paciente junto al río sereno,
bajo el viejo puente demolido por antiguos invasores,
en reflexivo silencio, veo las aguas que transcurren,
plácidas y serenas, bajo el viejo puente derruido.

Caudal sin fin hacia la mar, su destino es seguro,
como el nuestro, encontrarnos bajo el puente.

La brisa del amanecer se endulza con tu aroma,
el rocío en la mañana se torna licor a tus pies.
El tímido sol que ya despunta te saluda, nos saluda.
Comienza un nuevo dia, al que reciben las aves.

Te intuyo, alzo la mirada y te veo,
como velas de una nave, al viento la melena,
una sonrisa en tu rostro, y en tus ojos pintada
la alegría de hallarme junto al río sereno.

ಆನ್ ಕ್ಯಾಲಿಎಂತೆ ಯ ಪಲ್ಪಿತಂತೆ

Aun caliente y palpitante entre las manos,
mi abatido corazón en tu pecho lo sembré,
suelo eterno e inmortal de vivo tronco,
infinito y desbordante río de nutrientes y de miel.

Vacío ya el pecho al viento,
extirpada ya la causa que amenaza,
lo ampute con la esperanza,
y con una daga a pleno sol.

Deposite mi corazón en pecho ajeno exubrante de mujer,
no me quedé sin él, no lo abandoné a su suerte en inhóspitos desiertos,
en un soleado valle de ancestral tierra fértil lo sembré,
en simétricas lomas de redondas formas moldeadas por los vientos.

Mi herida con tus besos suturaste,
con tus labios limpiaste de todo mal,
tu boca la que hacía correr mi sangre,
y tu aliento, hay tu aliento!,
en las noches frías de invierno,
me calentaba al calor de tu hogar.