Aun caliente y palpitante entre las manos,
mi abatido corazón en tu pecho lo sembré,
suelo eterno e inmortal de vivo tronco,
infinito y desbordante río de nutrientes y de miel.
Vacío ya el pecho al viento,
extirpada ya la causa que amenaza,
lo ampute con la esperanza,
y con una daga a pleno sol.
Deposite mi corazón en pecho ajeno exubrante de mujer,
no me quedé sin él, no lo abandoné a su suerte en inhóspitos desiertos,
en un soleado valle de ancestral tierra fértil lo sembré,
en simétricas lomas de redondas formas moldeadas por los vientos.
Mi herida con tus besos suturaste,
con tus labios limpiaste de todo mal,
tu boca la que hacía correr mi sangre,
y tu aliento, hay tu aliento!,
en las noches frías de invierno,
me calentaba al calor de tu hogar.
mi abatido corazón en tu pecho lo sembré,
suelo eterno e inmortal de vivo tronco,
infinito y desbordante río de nutrientes y de miel.
Vacío ya el pecho al viento,
extirpada ya la causa que amenaza,
lo ampute con la esperanza,
y con una daga a pleno sol.
Deposite mi corazón en pecho ajeno exubrante de mujer,
no me quedé sin él, no lo abandoné a su suerte en inhóspitos desiertos,
en un soleado valle de ancestral tierra fértil lo sembré,
en simétricas lomas de redondas formas moldeadas por los vientos.
Mi herida con tus besos suturaste,
con tus labios limpiaste de todo mal,
tu boca la que hacía correr mi sangre,
y tu aliento, hay tu aliento!,
en las noches frías de invierno,
me calentaba al calor de tu hogar.
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