Pasarán los días como pasan las nubes,
en las luminosas mañanas de primavera;
despacito, sin prisas, fotograma a fotograma
como si el ancestral viento del norte
no quisiera llevarlas a otras regiones,
para que otros seres puedan contemplarlas,
Y distantes ojos, las divisen formas varias,
en el brillante azul que el cielo tiñe.
Así transcurría la estancia en mi sutil mundo,
como si fuese nube, y evitara el viento,
y no dejase que la brisa me transportara,
para hacerme inamovible, y ser calma.
Pero la calma jamás es eterna,
ni absoluta, solo intemporal,
ella es efímera, insignificante en mi,
y como la tempestad que los huracanes ocasionan,
marche, pues mi destino como siempre ha sido y es, seguir.
El poder mágico de las palabras
Desconocemos el poder mágico de las palabras, y por ello, no las utilizamos con este propósito ni para este fin. A nuestro alrededor, las que escuchamos habitualmente son aquellas que hieren, descalifican, humillan e infringen algún tipo de dolor, no solo a quienes van dirigidas, si no, también a aquel que las ha pronunciado, sin el ser consciente de ello. Se convirtieron en tan cotidianas que son las que más suenan en nuestros oídos. Reivindiquemos las hermosas, las verdaderas, las que salen directamente del corazón, estas son las realmente mágicas, las que como un bálsamo emocional pueden hacer que quien las escuche, se sienta por un instante algo mejor.
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